Sí, se puede

Foto: YQ. Los perros de Allen Moore en su descanso obligatorio

Foto: YQ. Los perros de Allen Moore en su descanso obligatorio

Mientras el trío en cabeza de esta Yukon Quest -Brent Sass, Allen Moore y Hugh Neff- ha llegado ya al punto de control en el que habrán de pasar 36 horas obligatorias de descanso (y menos mal, el seguimiento que el equipo de prensa nos está ofreciendo esta Yukon Quest es bestial: consiguen mantenerte pegado al Facebook y al Twitter con actualizaciones periódicas, vídeos, imágenes… sin duda la mejor cobertura que han ofrecido en años, claro que hace años no existían las redes sociales), veo en el grupo de Facebook de IRSSO  una noticia compartida por el musher Dave King y el interesante (aunque ni concluyente ni próximo siquiera a las horas de discusión que podría ofrecer) debate posterior. La noticia, aunque aparecida en un diario noruego en marzo del año pasado, resulta de plena actualidad justo en los días en que, con la Yukon Quest en Alaska, tiene lugar la Femund en Noruega.

En la noticia, la veterinaria Marit Holm -con varias Finnmarkløpet como veterinaria a sus espaldas, muchas de ellas como jefa del equipo veterinario- critica a partir de su experiencia el reglamento actual de la carrera, que deja, según ella, espacio para el maltrato a los perros. Cuando hablamos de maltrato nada más lejos de la realidad que algo tan evidente como una paliza, aquí se trata de algo mucho más sutil pero igualmente calificable de maltrato: hablamos de forzar a los perros hasta el límite, de la alimentación inadecuada para sus necesidades, de la falta de horas necesarias de descanso para asegurar su bienestar. El deporte de los perros de trineo en Noruega ha experimentado en los últimos diez años un tremendo auge, y la competición y la lucha encarnizada por los primeros puestos es lo que tiene… Holm asegura en la noticia que con la introducción de algunas medidas como el descanso obligatorio en todos los puestos de control, el bienestar de los animales durante la carrera mejoraría notablemente. Asegura, además, que en caso de muerte de algún perro el musher debería ser inmediatamente descalificado, un asunto espinoso ya que todos los años se producen muertes en carreras y en la mayoría de ocasiones el musher sigue corriendo. En la misma noticia, la actual jefa veterinaria de la Finnmarksløpet, Hanna Fredriksen, se muestra contraria a las afirmaciones acerca del maltrato de las que habla Holm, y asegura que el equipo veterinario vela por el bienestar animal en todo momento. Unos días después, el famoso musher Robert Sørlie también se mostraba públicamente en desacuerdo con el testimonio de Holm acerca del maltrato, aunque sí se mostraba a favor de introducir el descanso obligatorio.

Tras la compartición de esta noticia (repito, aparecido en un diario noruego el año pasado) en Facebook, Dave King y Dominique Grandjean dialogaban en los comentarios. Dave King decía que todo lo que Holm criticaba en la noticia era aplicable no sólo a la Finnmark sino también a la Femund. Según él, este formato de carreras es, directamente, maltrato animal.  Critica, además, el número de veterinarios en carrera (mientras en la Iditarod hay 50 veterinarios para 80 equipos, los números de este año en la Femund eran… 20 veterinarios para 170 equipos). La respuesta de Dominique Grandjean era clara: según él, la solución a estos problemas y el futuro del deporte de los perros de tiro eran las carreras por etapas, aun siendo mucho más caras y difíciles de organizar.

Comparto la postura de Dave King en el resto de comentarios, cuando habla de que es posible mejorar las condiciones de los perros en carrera sin necesidad de acabar necesariamente en las carreras por etapas (algunos comentarios más hacia abajo, Grandjean vuelve a defender que después de años en este mundo su conclusión sigue siendo que las carreras por etapas son las que mayor seguridad ofrecen para los perros participantes). En el grupo en Facebook de IRSSO podéis leer la conversación entera; veo innecesario reproducir aquí algunos de las interminables intervenciones de King porque habla en ellas de maltrato animal evidente –lo que todos obviamente condenamos y consideramos intolerable-, y el asunto de ese otro maltrato, más sutil, es el que debe ser discutido: es en cuestiones como la introducción del descanso obligatorio donde los veterinarios de carreras deben pronunciarse claramente. Que ahora mismo varios equipos de la Yukon Quest estén cumpliendo con sus 36 horas obligatorias de descanso es un claro ejemplo de que sí, se puede velar por el bienestar de los perros con controles veterinarios más estrictos o la introducción del descanso obligatorio sin quitarle ni un ápice de emoción a la competición.

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