El tiempo…

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… que vuela, demasiado rápido. Tras dos semanas liadísima en que me hubiera gustado hablar de varias cosas por aquí, todo queda en algo parecido a una promesa de hacerlo más adelante, quizá durante este mes si las conexiones lo permiten. Porque apuntas hacer esto o aquello, ver a tal o cual persona, cervezas antes del día X por cojones y sin falta… y el día X llega sin que te des cuenta, y cuando lo haces estás despidiendo a alguien apresuradamente, escuchándole decir que seis semanas pasan enseguida, acariciándole la cabeza al gato y conduciendo por encima de lo legal más de 200 kilómetros para llegar justa al aeropuerto con once kilos de equipaje a la espalda y la certeza de que has olvidado cosas importantes para pasar seis semanas en Laponia. Y sí, ahora, un día después de aterrizar, la certeza se constata al abrir la mochila en una habitación de hotel en el aeropuerto de Oslo.

No me gustan los aeropuertos, como tampoco -en contra de lo que mucha gente cree- me gusta viajar. Me gusta ir -venir- y ESTAR, en según qué lugares, haciendo según qué cosas, pero el hecho del moverse, que hace unos años tenía especial emoción, es ahora un trámite infumable para mí. Aquí y ahora, tras el copioso desayuno del buffet libre y mientras espero que llegue la hora de coger un tren hasta Tynset, pienso en estos no-lugares que son los aeropuertos, en los no-lugares que son los hoteles de los aeropuertos, y escribir sobre ello no hace sino acrecentar cierta sensación un tanto triste que sobreviene inevitablemente en estas situaciones; una sensación que al final del día desaparecerá, seguro, cuando vuelva a tener a cerca de cincuenta perros alrededor moviendo alegremente la cola. Esta noche llegaré a Tynset, al kennel de un musher francés, para estar de handler con él durante las próximas semanas. Después de un par de días de relax aquí en Noruega, cargaremos a los perros y conduciremos más de mil kilómetros hasta Muonio, en la Laponia finlandesa, donde estaremos hasta finales de marzo haciendo excursiones para una agencia francesa.

Pendientes en el blog quedan cosillas no sé si con posibilidad de publicación a lo largo de las próximas semanas, pues todavía no tengo claro ni siquiera dónde vamos a dormir exactamente; espero no tener que hacerlo en alguna caseta de perro porque entre las cosas olvidadas -preparar el equipaje minutos antes de salir de casa es lo que tiene- está mi saco de dormir. Si la conexión a Internet lo permite, iré contando cómo van las cosas por aquel norte tan familiar -viví durante bastante tiempo en la zona de Muonio- y quizá me ponga al día con retrasos.

Quería durante estas semanas pasadas, empezar con la sección Los libros de Framheim –así se llamaba una columna semanal sobre libros que tuve en el difunto diario valenciano L’Informatiu-, en la que recomendar/reseñar/hablar de libros y películas acerca de nortes, perros, nieve y esas cosas que tanto nos gustan. También, hablar de cómo ha ido la Yukon Quest, aunque la verdad es que desde el momento en que MI querido Brent Sass (supongo que ya habréis notado cierta pasión adolescente hacia él) se dio un golpe en la cabeza y dejó la carrera… apenas he prestado atención más que para ver a los ganadores. La vida de la fan de un musher es realmente dura, no sé si lo sabéis, y cuando ves a TU musher llegar a meta en vez de tirarle bragas le tiras bolitas de pienso y no sueñas con que te haga hijos sino perros. Sass, por cierto, y aun sin ser el ganador de esta Yukon Quest (iba a serlo con total certeza) está bien de su golpe en la cabeza, sus perros están bien, y además del golpe, tampoco llegó a mayores su encontronazo con un alce, con lo que no hubo que lamentar otro triste episodio como el acontecido a Susan Butcher en la Iditarod del 85.

Me queda también, aunque ahora ya pueden ver cómo ha ido en diferentes medios/redes sociales, dedicarle unas líneas a la Soria Unlimited, que acaba de celebrar estos días su primera edición. Esperaremos a ver qué balance hace la organización, y confiemos en que sea posible consolidar una prueba de este tipo en España. Siguiendo con el asunto mushing, a propósito de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi me planteé en algún momento disertar acerca de la conveniencia o no de que el mushing acabe convertido en deporte olímpico, pero dicho post no ha sido de momento posible, ocupada como he estado en despedidas y pesca de gambas. Y a raíz del post que escribí sobre la que se había liado en el campamento de Gilles Elkaim, me queda pendiente también un post acerca de la mejor manera de venirse al norte si uno quiere meterse en este mundo de perros y colgados (cómo buscar trabajo, dónde, condiciones, qué es normal y qué es que abusen de tu buena fe… esas cosas bastante útiles).

Acerca de la sección de enlaces, avisaré en un post cada vez que añada algo nuevo. Ahora, en la lista de mushing, incorporo el blog de Montse Claverol, a ver si vamos viendo más mujeres en esto. En el resto de Europa es mucho más evidente su presencia, también en larga distancia, pero en el sur vamos listas…

Por lo demás, mi morsa Garssieta y yo vamos a ir metiendo alguna toalla del hotel en la maleta -tampoco he traído toalla- y de ahí a seguir echando horas esperando el tren. Hace un tiempo horrible hoy en Oslo; lluvia y nieve. Quiero estar ya más al norte, ponerme la ropa de batalla, llenarla de pelos de perro y helarme el culo encima del trineo. No lo quiero, lo necesito.

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