A qué olía la isla justo antes de dejarla

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Para quienes nacimos lejos del mar, el agua salada olerá siempre a verano. Qué más dará que años después no sólo viviéramos cerca del mar, sino que vivíamos en el mar, un mar que obligaba a llevar chaqueta y que permanecía más allá de septiembre: el agua salda sigue oliendo a verano. Qué más dará que hable de una playa en la que se acumula la nieve: sigue oliendo a verano. La isla justo antes de irme olía a pescado secándose al viento, a bañadores y crema solar, a arena y a algas pudriéndose entre las redes. Olía a otros veranos, qué más dará que nevara una semana atrás.

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aseosalta

Dejé el Ártico en mayo de 2011 después de haber vivido allí los años más intensos, más felices y plenos que puedo recordar. Podría aventurarme a decir los mejores años de mi vida, pero eso significaría reconocer que no confío en que haya algo mejor por venir… y ese no es el caso. Después vagabundeé -a pie- por Carelia durante unas semanas y vagabundeé otras semanas –en velero- por el mar Báltico. Un desafortunado accidente puso patas arriba el sueño hecho realidad en el que había convertido mi existencia, y luego fui incapaz de recuperar ese sueño; ni siquiera alcancé de nuevo el punto de partida: me quedé sin brújula y perdí el norte por completo. Sigue leyendo