A qué olía la isla justo antes de dejarla

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Para quienes nacimos lejos del mar, el agua salada olerá siempre a verano. Qué más dará que años después no sólo viviéramos cerca del mar, sino que vivíamos en el mar, un mar que obligaba a llevar chaqueta y que permanecía más allá de septiembre: el agua salda sigue oliendo a verano. Qué más dará que hable de una playa en la que se acumula la nieve: sigue oliendo a verano. La isla justo antes de irme olía a pescado secándose al viento, a bañadores y crema solar, a arena y a algas pudriéndose entre las redes. Olía a otros veranos, qué más dará que nevara una semana atrás.

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Magerøya

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Hace ya más de dos semanas que llegué aquí, al paralelo 71, una vez más a cuidar al perro Lonchas. No son unas malas vacaciones, la verdad, estas de estar aquí sin más obligación que la de estar a disposición del peludo las 24 horas del día. Si el invierno se nos hizo algo tedioso, en esta ocasión todo está resultando muy muy muy agradable, tanto para Lonchas como para mí. Al hecho de conocernos ya y saber cada uno qué piensa el otro en todo momento, se unen un clima más benévolo, la disposición de vehículo y un montón de horas de luz para disfrutar de la isla.  Sigue leyendo